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Una semilla.

Reina el silencio, en la oscuridad de la noche. No es un silencio cualquiera, es un silencio impuesto ante unas circunstancias complicadas de doblegar. El silencio de la noche suele ser una caricia, más no cuando es impuesto, cuando detrás hay unos motivos y no son solo placentera quietud.

Normas a seguir si queremos volver a ese mimo nocturno que nos trae las altas horas. Un día más, o más bien un día menos para que empecemos
a ver los resultados de las semillas plantadas. Todo resurgir necesita altas dosis de paciencia. Los acontecimientos que tanto anhelamos llevan su propia medida de tiempo que en nada corresponde al que conocemos. De poco sirve querer avanzarlos, pues tan solo podremos conseguir llenarnos de impaciencia burbujeante difícil de controlar.


De nuevo calma, fuerza y confianza. Desterrar el Ego que aprovecha cualquier instante para colarse de cualquier manera posible. Batalla incesante que no duerme y en consecuencia, no te deja dormir. Más, merece la pena la lucha cuando sabes, que a pesar de no parecer bonito, tu interior siente que vas por el camino correcto. Y esta vez si que le harás caso. Ahora escuchas y sigues el camino que sientes, esta vez todo es diferente.

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