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Arriesgar.

¡Arriesga!
Quien no arriesga no gana. Muchas veces, infinitas veces, nos vemos abocados al borde de un precipicio, sin paracaídas, sin visibilidad ninguna, sin arnés que nos sujete a algo aunque sea pequeño pero que nos dé un poquito de seguridad.

Nada, nada que te guíe, que te oriente, nada que te agarre. Solo tú, sola frente a todo, porque nadie puede darte esa seguridad infinita, no ante la vida. Con la vida no puedes jugar sucio ni hacer trampas. Es verdad que todo tiene su sentido, más el no saberlo causa vértigo. Aunque caerse es parte del camino, eso no quiere decir que no duela, porque duele, y en ocasiones mucho, pero ese dolor solo dura lo que le permitamos permanecer en nosotros.


Volver a levantarse, volver arriesgar. Esta vez apostaremos más fuerte, así será hasta conseguir ganar, porque si aún no has ganado, es que aún no es el final. 

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