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MIEDOS.

El miedo nos paraliza, nos deja fuera de juego, nuestro cuerpo tirando solo, y eso no funciona. Entonces surge el arrepentimiento, y nos fustigamos a nosotros mismos, y eso tampoco nos lleva a buen punto. Permitimos, que el, que ese miedo lleve el control de las situaciones a las cuales no nos atrevemos hacer frente. Nos auto engañamos, nos saboteamos, porque el miedo no nos deja ver qué hay detrás de ese velo, y el no saber, no nos da los mejores pensamientos, sino que nos invade de dudas eternas y situaciones inverosímiles, pero que, en ese momento, en nuestra cabeza, tiene todo el sentido del mundo, aunque ello suponga pensar que puede venir un dinosaurio y fastidiarnos el plan.

 Todos sabemos que es lo mejor para nosotros, que es lo que realmente nos hace felices, porqué de eso trata la vida, de ser feliz, nada hay más importante, esa es la base de nuestra existencia. Ser feliz, pero feliz de verdad, porque esa plenitud hace restar importancia a otros estados, porque la felicidad nos da fuerza, nos da alas para volar donde queramos.

Dejemos atrás la duda de que pasará, y veamos qué pasa, porque si de verdad lo sientes dentro, no te equivocarás. El miedo, no es malo, tan sólo son pequeños avisos para que estés atento a todo lo que a tu alrededor acontece. Entonces párate, sopesa, y elige lo que realmente te hace feliz. No escribas la historia antes de los acontecimientos, pues te estarás perdiendo la vida, tu vida.

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La ventana.

...Y entonces me hablas, me comentas, haces que todo parezca fácil. Aumentas mi autoestima y ni siquiera lo sabes, porque por tu boca solo sale lo que sientes por mí, todo tan sencillo y a la vez tan complejo porque ese mero gesto hace mover los engranajes que hay en mi interior, y hace que el futuro sea como mirar por una ventana abierta que se encuentra en una preciosa casa en lo alto de una colina, desde donde se puede contemplar el infinito en un día claro lleno de luz, porque a tu lado todo parece posible, a tu lado vuelve de nuevo la ilusión… 

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Arriesgar.

¡Arriesga!
Quien no arriesga no gana. Muchas veces, infinitas veces, nos vemos abocados al borde de un precipicio, sin paracaídas, sin visibilidad ninguna, sin arnés que nos sujete a algo aunque sea pequeño pero que nos dé un poquito de seguridad.

Nada, nada que te guíe, que te oriente, nada que te agarre. Solo tú, sola frente a todo, porque nadie puede darte esa seguridad infinita, no ante la vida. Con la vida no puedes jugar sucio ni hacer trampas. Es verdad que todo tiene su sentido, más el no saberlo causa vértigo. Aunque caerse es parte del camino, eso no quiere decir que no duela, porque duele, y en ocasiones mucho, pero ese dolor solo dura lo que le permitamos permanecer en nosotros.


Volver a levantarse, volver arriesgar. Esta vez apostaremos más fuerte, así será hasta conseguir ganar, porque si aún no has ganado, es que aún no es el final. 

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Deseo.

¿Es malo salir de nuestra propia cabeza en ocasiones? Querer tenerlo todo atado y controlado, puede ser bueno, pero no siempre es necesario, incluso diría que tenemos que darle tiempo de descanso a nuestra cabeza controladora y en esos momentos tan solo usar otros sentidos que tenemos olvidados. Perdemos oportunidades tan solo, porque no llevamos los deberes estudiados y machacados, y eso tan predecible, arranca la magia que nos trae algunas veces el destino.

Pero no es que no estemos deseosos de dar rienda suelta a nuestros deseos, es que somos demasiado controladores de nuestra propia vida y a la vez nos quejamos de serlo. O peor aún, no darse cuenta de que tenemos que tenerlo todo controlado y eso quita la magia a la vida, y ante ese cierre de ojos, no queda nada más que cruzar los dedos y que el Universo nos grite cada vez más fuerte hasta hacernos despertar.

Los años nos van curtiendo, nos hace valorar lo que realmente importa, unas veces aprendemos por las buenas, que se da en raras ocasiones, otras muchas por las malas, que estas vienen siendo más habituales. Sea como fuere, lo importante después de haber pasado toda una etapa por una criba, es vislumbrar el aprendizaje que nos queda en el fondo, y eso, señoras y señores, es oro puro para nosotros, para darnos cuenta que no todo se controla, ni debemos controlarlo todo, que la vida es para disfrutarla, sin tantos análisis sintácticos, en un mundo demasiado “cuerdo” volvámonos un poco “locos”.

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Enjaulados.

Cuando las jaulas no tienen barrotes más no dejan que vueles. Es cuando tu memoria retrocede y recuerda cuantos momentos perdidos, porque en dichos momentos no se vieron asaltados por la duda de que fueran a ser únicos en mucho tiempo. Más ahora la nostalgia se apodera por el peso que crea el haber pensado, que la libertad la tendríamos siempre. Pero llega esta pandemia para recordarnos constantemente con tantas subidas y bajadas, que lo que puedas hacer hoy, hazlo, pues mañana quizás ya no puedas.
Todo volverá a la normalidad, eso dicen, pero ¿cuándo? ¿Cuánto nos costará y cuanto nos está costando? Comentan que de todo esto aprenderemos, ¿seguro? No confío tanto en ello, pues la muestra la tenemos en estas montañas rusas en las que estamos inmersos. Ojalá tan solo nos hiciera a todos un poquito de mella para apreciar lo que realmente es importante, que volar es un lujo que no todos tienen.  

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La Sombra.

En un mundo donde nos pueden las prisas y no nos paramos a pensar en la repercusión que tienen algunos de nuestros actos. Gestos cotidianos automatizados, que realizamos una y otra vez, cadena incesante de acciones relevantes para todos pero que por el mero hecho de no ser impactante en ese mismo instante en que lo realizamos, nos pasa desapercibido , como una sombra, pero esta sombra  nos acecha, antes era silenciosa, prácticamente invisible a los ojos de los que no se paran, pues ya tienen en sus vidas, demasiadas preocupaciones para pensar y cambiar hábitos, que por un tiempo les hará, nos hará, la vida un poco más complicada.

Ahora no queremos complicaciones, solo facilidades para llevar nuestra vida. El problema es que aunque miremos para otro lado, la sombra no deja de crecer, y grita cada vez más fuerte, por boca de todos los animales, de los océanos, de la naturaleza…y ese grito un día inundará el planeta, y si llega ese día, ya no podremos callarlo. Ese grito que parece que es ajeno a nuestra vida, resulta que es en realidad la base de nuestra existencia, nuestro mundo, nuestra supervivencia. Somos lo que respiramos, lo que comemos, lo que manipulamos… y cuerpo, como vida, solo tenemos una, ¿acaso no es suficiente motivo para pararnos?

Donde ponemos complicaciones innecesarias, pues tendemos a no ver las cosas de una manera sencilla, ya que muchas veces tan solo ese hecho nos crea incredulidad, ¿Por qué no introducir poco a poco, pautas?, ahora nos resultan fastidiosas pero que ya las hacíamos muchísimos años atrás de una manera normal. Un granito de arena puede convertirse en grandes playas. Muchos son ciegos ante tales circunstancias pero el mero hecho de verlas en otro, hace desaparecer esa ceguera. Seamos ese comienzo que otros quieran seguir.

Mirar por el planeta, es cuidarnos a nosotros mismos, y  ante eso no hay nada más importante.

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Un cuento.

Se  está  orquestando un cuento, donde ahora es un susurro nada más, con su baile que apenas acaba de comenzar, con pasos como leves caricias, pues los zapatos son de cristal, frágiles, más nunca débiles, ayudan a ejecutar una danza que hipnotiza a quien se atreve a mirar.
Shssss, no lo cuentes, pues la envidia puede aflorar, en corazones afligidos que no pueden bailar.
Como en todo cuento que se aprecie, nunca ha de faltar, un cazador, un lobo, una manzana, una rueca donde hilar, o como en cuentos más modernos, una pandemia quizás.

Todo resulta perfecto, aunque de muy cerca apenas se puede apreciar, sinfonía de notas hiladas entre si, con un gusto exquisito tan difícil de conseguir. Personajes en escena jamás puestos por casualidad, hasta una leve sonrisa, una palabra, está donde debe de estar.

Por eso shssss, no lo cuentes, tan solo déjate llevar, por esa melodía tejida solo para ti, para hacerte brillar.

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QUERER Y DESEAR.

La fina línea entre desear y querer.
¿Qué es lo que más tendemos hacer? ¿Deseamos primero y como consecuencia terminamos queriendo? O, por el contrario, ¿queremos y luego nos damos cuenta que
lo estábamos deseando?

Cuando deseamos algo, sea lo que fuere, surge dentro de nosotr@s, una fuerza que se instala sin previo aviso, que en muchas ocasiones nos taladra la cabeza constantemente como si fuera nuestro único pensamiento. Se hace mucho más persistente el hecho de que lo que deseamos sea factible, dado que desear inmensidades hace saltar un poco nuestros interruptores de…baja a la tierra, y nos deja esos deseos vagando en una nube, y tal cual, se van moviendo sin rumbo con la suave brisa que provoca nuestra imaginación.
Pero esos deseos que sabes que puedes conseguir, que algunos puedes incluso llegar a tocarlos con la punta de los dedos. Esos son machacones, esos son los que se hacen con el control de tu cabeza y no consienten ser sustituidos, ya que el mero hecho de saber que son alcanzables te pone en modo soldado- aventurer@, para lograr lo que solo rozas con los dedos. ¿Pero, acaso esto será bueno? ¿Bueno para nuestra salud, nuestra salud mental? Porque el agotamiento físico sabemos cómo quitarlo, pero y el que cansa sin movernos, ¿ese cómo lo paliamos?

También tenemos el querer, este tiene como más peso, pero no siempre nos viene el pack completo. Deseamos algo y luego lo queremos, pero en ocasiones el querer es la consecuencia de algo repetitivo que a base de ser presente terminas cogiendo cariño incluso queriendo. Es lineal, más estable que el desear, también muy placentero, te hace saltarte la parte de la ansiedad y la impaciencia que produce el desear, aunque eso supone también quitar la pimienta que eso le otorga.

Y, ahora bien, ¿qué eres más, soldado-aventurer@, o prefieres quitar la pimienta que eso da?

¿Acaso podemos desear sin querer, o querer sin desear? 

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Una semilla.

Reina el silencio, en la oscuridad de la noche. No es un silencio cualquiera, es un silencio impuesto ante unas circunstancias complicadas de doblegar. El silencio de la noche suele ser una caricia, más no cuando es impuesto, cuando detrás hay unos motivos y no son solo placentera quietud.

Normas a seguir si queremos volver a ese mimo nocturno que nos trae las altas horas. Un día más, o más bien un día menos para que empecemos
a ver los resultados de las semillas plantadas. Todo resurgir necesita altas dosis de paciencia. Los acontecimientos que tanto anhelamos llevan su propia medida de tiempo que en nada corresponde al que conocemos. De poco sirve querer avanzarlos, pues tan solo podremos conseguir llenarnos de impaciencia burbujeante difícil de controlar.


De nuevo calma, fuerza y confianza. Desterrar el Ego que aprovecha cualquier instante para colarse de cualquier manera posible. Batalla incesante que no duerme y en consecuencia, no te deja dormir. Más, merece la pena la lucha cuando sabes, que a pesar de no parecer bonito, tu interior siente que vas por el camino correcto. Y esta vez si que le harás caso. Ahora escuchas y sigues el camino que sientes, esta vez todo es diferente.