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Torrijas de mi iaia.

Aquí os traigo esta delicia de la novela Los caracoles no saben que son caracoles, es un dulce muy tradicional de la Semana Santa, las torrijas, y es que al mal tiempo buena cara.

Son muy sencillitas de hacer, yo las elaboro como lo hacía mi abuela y son un éxito siempre que las hago. Podéis versionarlas como hago yo con unas cuantas que dejo aparte, y es sustituir la leche por una vegetal o por una sin lactosa.

¡¡Vamos a por ello!!

Dificultad: Fácil (tan solo tenéis que tener cuidado a la hora de escurrirlas de la leche para que en este proceso no se rompan).

Ingredientes:

  • 1 barra de pan del día anterior.
  • 1 l. y medio de leche.
  • Cáscara de medio limón.
  • 2 ramas de canela.
  • 1/2 de azúcar.
  • canela en polvo.
  • 7 huevos (más vale que sobren).
  • 1 l. y medio de aceite.

En una cacerola añadimos la leche, dos cucharadas soperas de azúcar (esto va en gustos, si os gusta más dulces añadir una cucharada más), la cáscara de medio limón (solo la parte amarilla) y las ramas de canela y llevamos al fuego hasta que rompa a hervir. Una vez llegado este punto apartamos del fuego tapamos con una tapadera y dejamos enfriar.

Mientras cortamos la barra de pan en rebanadas anchas de unos 3 cm. (como unos dos dedos) y las colocamos en una fuente grande.

En un plato grande ponemos de 5 a 10 cucharadas soperas de azúcar y 2 de canela en polvo ( la canela también va en gustos si no os gusta mucho poner un poco menos)

Una vez fría la leche colamos para quitar las ramas de canela y la cáscara de limón. y la vertemos sobre las rebanadas de pan. Dejamos que se empapen bien por ambos lados.

Batimos 5 huevos (de momento, si veis que os quedáis sin huevo volver añadir más).

Ponemos aceite a calentar, en una sartén grande, la cantidad de aceite depende de vuestra sartén. Este tiene que ser muy abundante.

Cogemos las rebanadas de pan entre las dos manos y apretamos ligeramente para escurrirlas, las pasamos por el huevo batido y las echamos en el aceite muy caliente.

Con ayuda de una espumadera le damos la vuelta hasta que estén doradas. Las sacamos y las ponemos en papel absorbente de cocina y rápidamente las pasamos a la mezcla que teníamos preparada de azúcar y canela. Las rebozamos bien y colocamos en otra bandeja para que se enfríen

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Galletas con chip de chocolate.

Y aquí estamos con esta galletitas que nos trae la novela «La chocolatería más dulce de París».

Son muy fáciles de preparar, y os lo digo yo que era un poco negada con las recetas de las galletas (todas en general) no sé qué me pasaba, que no había ninguna receta que saliera en condiciones. Pero no hay que desistir, sino todo lo contrario, ponerle más empeño. y así hice yo, y ahora me salen todas de rechupete, aunque no se si eso ahora es bueno o malo, pues muy de dieta no son la verdad 😉 , pero así de vez en cuando no está nada mal darse algún caprichillo .

Vamos a por ellas….!!!

Dificultad: Fácil (solo es mezclar y después pendiente del nuestro horno porque como siempre os digo, cada horno es un mundo. El porqué de esto, no lo sé, quizás lo fabricantes nos quieran volver loc@s o es que tienen identidad propia.

Ingredientes:

  • 250 gr. de harina sin tamizar.
  • 1 cucharada de bicarbonato.
  • pellizco de sal.
  • 90 gr. de azúcar.
  • 125 gr. de mantequilla ablandada.
  • 90 gr. de azúcar moreno.
  • 1 cucharada de extracto de vainilla.
  • 2 huevos
  • 150 gr. de pepitas de chocolate.
  • 125
  • gr. de frutos secos machacados.

Ponemos el horno a precalentar a 190º.

En un recipiente ponemos la harina, el bicarbonato y la sal.

En otro recipiente ponemos la mantequilla, el azúcar blanco y el azúcar moreno y la vainilla; batir hasta que queden con un aspecto cremoso. Añadir los huevos ya batidos. Y poco a poco ir echando la mezcla de la harina. 

Debe quedar todo bien mezclado. Añadimos entonces las pepitas de chocolate y los frutos secos y removemos para que se repartan bien.

Meter el bol en la nevera y dejar un mínimo de 1 hora.

transcurrido ese tiempo, sacamos nuestra masa y hacemos bolitas que luego aplastaremos un poco. Procurar que todas queden más o menos del mismo tamaño ya que a la hora de hornear se harán todas en el mismo tiempo.

Las ponemos en una bandeja de horno donde previamente habremos puesto un papel de hornear y las metemos al horno entre 8 y 10 minutos.

 

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Pinsa.

Hola a tod@s aquí os traigo de la novela «Jesús me quiere» esta recetilla.

Quienes habéis leído mi anterior artículo habréis visto que nada habla de esto pero sí de que los protagonistas se van a pasar una agradable velada a  un restaurante italiano donde piden para cenar una pizza  (si le pincháis os llevará a la recetilla). Pues bien, como ya os puse tiempo atrás la receta de cómo preparar una pizza no iba a repetir así que después de mi último recorrido por Italia tuve la ocasión de probar tan delicioso manjar y he visto que este era el momento perfecto para enseñaroslo.

Os cuento un poquillo, la pinsa nació antes que la pizza, esta tiene una masa mucho más digerible por los tipos de harinas (trigo, soja y arroz) y su larga fermentación. Se le dá forma ovalada y queda crujiente por fuera y blandita por dentro. 

Para los que me conocéis un poco ya sabéis que lo de las fermentaciones largas me desquicia un poco pero como siempre, el resultado merece la pena. Es tal que horneada con aceite de oliva y sal es fabulosa.

Otra cosa más, esta receta lleva días de reposo, así pues, planear con mucho tiempo cuando queréis comerla.

Dificultad: Media (el amasado si no tenéis algún robot de cocina que os facilite la labor ya que es un poco tedioso)

Ingredientes:

  • 650 gr. de harina de fuerza de trigo.
  • 30 gr de harina de arroz.
  • 20 gr. de harina de soja (yo no tuve la suerte de encontrarla, y la sustituí por 30 gr.  harina de garbanzo que esa parece ser más corriente encontrarla)
  • 400 ml. de agua MUY FRÍA (esto es muy importante).
  • 3 gr. de levadura seca de panadería.
  • 10 gr. de sal.
  • 10 gr. de aceite de oliva.

 

Mezclar en un bol todas las harinas junto con la levadura seca. 

 

Verter 300 ml. de agua y amasar con una amasadora a velocidad 1 durante un par de minutos. Pasado ese tiempo pasar a una velocidad más (2) y continuar amasando por unos 10-12 minutos. 

 

Agregar la sal y continuar amasando otros 5 minutos más.

 

Añadir el aceite y amasar durante otros 5 minutos.

 

Finalmente incorporar el resto del agua y amasar durante 10 minutos más.

 

En este momento dejaremos la masa reposar en el mismo sitio donde está y cada 10 minutos amasaremos un total de 3 veces (esto lo haremos para que aumente la absorción del agua y tenga mayor consistencia). Es decir, amasamos unas cuantas vueltas, reposamos 10 minutos, pasados estos volvemos a darle otras cuantas vueltas y dejaremos de nuevo reposar otros 10 minutos, así un total de 3 veces (30 minutos).

 

Después de estas ventilaciones, nuestra masa será compacta, seca y permanecerá unida (si no es así continúa amasando hasta llegar a ese punto, esto dependerá mucho de la calidad de las harinas y el grado de absorción).

 

Colocamos nuestra masa en un recipiente amplio y lo metemos en la nevera un mínimo de 35 horas y un máximo de 150 horas. Yo la dejé 3 días.

 

Pasado este tiempo, sacamos la masa, la cortamos en dos y formamos dos bolas y las dejamos reposar durante 3 horas en la nevera.

 

Ponemos a precalentar el horno a 250º. Extenderemos la masa en una bandeja de horno donde previamente habremos cubierto con papel de hornear. Ahora va en gustos, si os apetece más gruesa o más delgada, regaremos con aceite de oliva y un poco de sal y metemos en el horno abajo del todo que toque con el fondo del horno, (esto hará que la base quede crujiente), durante 10 minutos. 

 

Sacamos de nuevo nuestra pinsa y ahora pondremos los ingredientes que nos gusten, yo en este caso puse mozzarella, chorizo y jamón cocido y un poco de albahaca. Lo llevamos de nuevo al horno y dejaremos unos 5 minutos más. 

 

IMPORTANTE: ¡¡ID VIGILANDO DE VEZ EN CUANDO, CADA HORNO ES UN MUNDO!!, en cuanto la veáis doradita ya la podéis sacar. 

 

Y eso , a comer recién salida del horno ya que fría pierde mucho.

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Galletas de Jengibre.

Y aquí os traigo mi gran descubrimiento personal, el jengibre. Y con el realicé unas galletas que están deliciosas. Para los que seáis más escépticos con esta raíz (como yo lo era), arriesgaros que os aseguro que os llevareis una grata y deliciosa sorpresa. Y la novela que me trajo hasta aquí es Nuestra casa en el árbol, de Lea Vélez.

Vamos a por ellas!!!

Dificultad: Fácil (solo requiere paciencia)

Ingredientes:

  • 225 gr. de harina de repostería.
  • 8 gr. de levadura en polvo. 
  • 12 gr. de bicarbonato sódico.
  • 100 gr. de azúcar.
  • 1 cucharadita (de café solo,que no de postre) de jengibre molido.
  • 1/2 cucharadita de canela en polvo.
  • 100 gr. de mantequilla fría.
  • 100 gr. de miel.
  • un pellizco de sal.
  • Azúcar para rebozar.

 

Lo primero ponemos a precalentar el horno a 180º, forramos las bandejas con papel sulfurizado y reservamos.

 

En un bol amplio ponemos la harina tamizada, la levadura, el bicarbonato, el azúcar, el jengibre, la canela y la sal. Mezclamos bien.

 

Incorporamos la mantequilla cortada en cubos no muy grandes y ayudándonos de las manos estrujamos bien la mantequilla con los otros ingredientes hasta conseguir integrarla por completo, su textura asemeja a las migas de pan.

 

Una vez bien mezclado todo añadiremos la miel, y con la ayuda primero de una espátula y luego con las manos, la iremos integrando hasta conseguir una masa. (No desesperéis a la hora de mezclar, parece que son demasiados ingredientes secos para que se forme una masa, pero os aseguro que se forma.)

 

Tomamos pequeñas porciones de masa, formamos bolitas con las manos y las rebozamos en azúcar. Las colocamos en la bandeja, separadas entre sí como de unos 3 de dedos aprox. Las aplastamos con un tenedor o con lo que tengáis a mano y las llevamos a hornear durante 10 minutos.

 

Esperamos unos minutos antes de quitarlas de la bandeja ( de lo contrario se pueden romper) y la dejamos enfriar totalmente sobre una rejilla.

Y ya solo queda degustarlas con un buen café o una deliciosa infusión.

 

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Pastas «huella de pulgar».

Y aquí están esas pastas que os mencioné anteriormente, duras pero deliciosas, de la novela La Cena Secreta. Y es que todas las pastas o galletas no han de ser o todas duras o todas blandas, cada cual tiene su propia personalidad que hace que sean únicas. Para la boda de mi hermana preparé unas cuantas hornadas y desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.

Para esta receta como ya os comenté, os vendrá muy bien si aún os queda algo de esa mermelada casera que hicimos tiempo atrás. A mi ya de melocotón no me quedaba pero tenía otra de fresa que le fué de maravilla.

Vamos a por ellas!!!

Dificultad: Fácil (mezcla de los ingredientes y paciencia)

Ingredientes:

  • 100 gr. de mantequilla fría.
  • 100 gr. de azúcar.
  • 200 gr. de harina de trigo.
  • 1 cucharadita (de postre) de levadura en polvo.
  • 1 pizca de sal. 
  • 1 huevo tamaño L
  • Mermelada del gusto que queráis.

Lo primero como siempre es poner nuestro horno a precalentar a 180º y preparar una bandeja con papel sulfurizado.

Cortamos la mantequilla a cubos y la ponemos en una picadora (si no tenéis picadora la podreis rallar a mano con un rallador, es pringoso pero también vale y luego añadiremos el resto de los ingredientes que mezclaremos con las manos rápidamente para no dar mucho calor a la mantequilla), junto con la harina, el azúcar, la levadura y la sal. Lo picamos todo hasta conseguir una consistencia similar a las migas de pan.

Ponemos nuestra mezcla en un bol y añadiremos el huevo ligeramente batido, mezclamos bien hasta conseguir una masa homogénea y lisa.

Se debe poder amasar con las manos, de lo contrario podemos añadir un poquito más de harina.

Cogemos pequeñas porciones y formamos bolitas, las cuales iremos poniendo en la bandeja de horno separadas entre ellas. Procurar que sean todas de más o menos igual tamaño para que a la hora de hornearse se hagan todas por igual.

Con el dedo pulgar mojado ligeramente en agua presionamos en el centro de cada bolita, formando así nuestras pastas. Si no os apañais con el dedo (como me pasó a mi, buscaros cualquier cosa que pueda dar forma a ese hoyito, en mi caso uso el mango de la cuchara de madera que es redondo, lo envuelvo con papel film para que no se pegue a la masa).

Ahora rellenamos esos huecos con mermelada, pero con cuidado que no se salga del hueco.

Horneamos de 10 a 15 minutos, hasta que se hayan dorado.

Dejamos enfriar en una rejilla.

Una vez frías yo las guardo en cajas de metal y pueden durar 2 semanas perfectamente, aunque una vez las probéis no creo que duren tanto.

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Pestiños

De la novela de Javier Sierra La cena secreta, os traigo este dulce de miel que, aunque en el libro nos pone que son restos de la navidad, aquí los pestiños los solemos hacer más en Semana Santa, aunque dependiendo de la zona de España también los podemos encontrar en navidades. Esa vez nos saltaremos un poco la tradición y los prepararemos hoy con la excusa de nuestra novela.

Es un dulce muy humilde y por consiguiente barato y sin ingredientes difíciles, como tampoco es difícil su elaboración.

Tengo que deciros que la foto no es mía sino del periódico ABC de Sevilla, mis fotos se me han perdido y evidentemente ya no queda rastro de los pestiños en mi casa para volver a repetir las fotos.

Vamos a la cocina!!

Dificultad: Media (es más bien por el entretenimiento que llevan que por otra cosa).

Ingredientes:

  • 125 ml. de aceite de oliva suave.
  • cáscara de medio limón.
  • 125 ml. de vino blanco verdejo
  • 2 pellizcos de sal.
  • 365 gr. de harina tamizada.
  • 150 gr. de miel
  • 30 gr. de agua.
  • Aceite de girasol para freír.

Poner en un cazo el aceite de oliva y la corteza de limón.

Lo ponemos a fuego suave hasta que la corteza se vuelva marrón. Retiramos del fuego y reservamos.

En un bol ponemos el vino, dos pellizcos de sal y el aceite de oliva templado que teníamos reservado.

Añadimos la mitad de la harina tamizada hasta integrarla por completo. Luego añadimos la otra mitad y procedemos de la misma forma.

Amasamos bien y dejamos reposar durante una hora.

Pasado ese tiempo volvemos amasar y estiramos con un rodillo lo más finamente posible y cortamos con un cortapastas.

En centro de cada circulo lo pintamos muy poquito con agua, doblamos los lados hacia el centro volviendo a mojar muy poquito con agua y presionando para formar de esta manera un «lazo».

Freír en abundante aceite. Sacamos y dejamos escurrir en papel de cocina para quitar el exceso de aceite.

En un cazo ponemos la miel junto con el agua y lo llevamos al fuego suave hasta que empiece a burbujear. Retiramos del fuego.

Pasamos por esta mezcla nuestros pestiños dejándolos un par de minutos para que se empapen bien.

Los pasamos a una rejilla para que escurran.

Y a degustar este riquísimo postre.

 

 

 

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Mermelada de melocotón.

Y aquí os traigo la receta de la novela «El perfume secreto del melocotón» y claro no podría ser otra que esta mermelada de melocotón con un perfume impresionante.

!!!Vamos a por ello!!

Dificultad: Fácil (Solo la mezcla de los ingredientes y después llevarlo a cocer)

Ingredientes:

  • 1 kg. de melocotones ya sin hueso.
  • 1 kg. de azúcar (podéis rebajar hasta 700gr. pero no bajar más)
  • 2 ramas de canela.
  • 1 cucharadita de café de pectina (yo no tenía y le incorporé un par de hojas de gelatina. También vende azúcar especial para mermeladas y así resulta más cómodo)
  • Chorrito de limón
  • frascos de cristal.

En un bol ponemos los melocotones pelados, cortados y sin hueso, las ramas de canela cortadas por la mitad y el azúcar. Mezclar bien tapamos con un paño y dejamos reposar al menos un par de horas (yo lo deje toda la noche) para que el azúcar haga su función y extraiga el almíbar a los melocotones. 

Una vez pasado el tiempo lo ponemos todo en una cazuela y lo llevamos al fuego. Cuando empiece a hervir añadimos el chorrito de limón y le bajamos un poco el fuego. Lo dejaremos hasta que alcance los 105º y sin dejar de remover con una cuchara de madera.

Seguidamente lo retiramos del fuego, le quitamos las ramas de canela y añadimos las hojas de gelatina previamente remojadas en agua fría. Lo pasamos todo a un vaso de batidora, así quedara con una textura mucho más suave y agradable. Batimos hasta dejar la consistencia que queramos, con más trocitos o menos.

La colocamos en tarros de cristal cerramos y damos la vuelta a los tarros para que este haga un vacío dentro. 

Ya solo queda disfrutar y verás que una vez pruebes tus propias mermeladas ya no querrás cambiar a las del super.

OTRA MANERA DE CONSERVAR:

Una vez llenos los tarros esterilizados (cuécelos unos minutos en abundante agua) muy bien cerrados, ponlos en una olla a cocer con abundante agua, durante unos 10 minutos. Te duraran meses en la despensa.

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Macarrones a la carbonara.

Con la novela de «La biblioteca de los muertos», os traigo esta receta realmente deliciosa. Nada tiene que ver con lo que se llama en España pasta a la carbonara, yo diría que solo tienen una cosa en común, la pasta. Olvídense de la nata. La nata es deliciosa en la cocina, pero para otras recetas.


Dificultad: Fácil (tan solo seguir la receta).

Ingredientes: 

  • 2 yemas.
  • 200 gr. de macarrones.
  • 100 gr. de panceta.
  • 30 gr. de queso pecorino rallado
  • 20 gr. de queso parmesano rallado
  • sal 
  • pimienta negra molida.

Lo primero mezclamos el queso pecorino con el queso parmesano, las yemas y 50 gr. de agua, batimos bien para que todo se integre y quede cremoso. Sazonamos con sal y pimienta. Reservamos.

Cocer la pasta en agua hirviendo con sal, hasta que esté al dente. En el mismo paquete de pasta nos pone el tiempo de cocción.

Mientras tanto cortamos la panceta en tiras cortas y freír en una sartén sin aceite y a fuego bajo hasta que estén doradas y crujientes.

Sacar la pasta cocida directamente a la sartén con la panceta dorada. Añadimos un poquito de agua de la cocción para ligar mejor ya que lleva todo el almidón.

Lo dejamos todo a fuego fuerte durante 1 minuto. Salteamos y dejamos que ese agua se convierta como en una cremita. Se evaporará.

Rápidamente y ya fuera del fuego añadimos la mezcla de las yemas, mezclamos rápido para que no cuaje y salga cremoso.

Terminamos con más queso pecorino al gusto y pimienta recién molida.

 

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Bombones de Aceite.

Si si, leísteis bien, seguro que muchos de vosotros habéis puesto cara de asquito, otros de sorpresa, y otros de qué ricos. Yo la primera vez que oí hablar de ellos mi cara fue un poco de las tres, y es que no me era muy corriente por aquel entonces relacionar el aceite con el chocolate. En este caso los realizaré con aceite puro de avellanas. Hace unos años hice mis pinitos con los aceites de frutos secos y ellos me llevó a experimentar también. Si no encontráis un buen aceite de avellanas (ojo!! que sea de consumo alimentario, los que encontramos en droguerías no es apto para tomarlo.) también os valdrá un buen aceite de oliva virgen. Puede que con algún otro aceite vegetal resulten igual de buenos, el de pistacho también es excelente, pero el de almendras y nuez son demasiados suaves de sabor, y la potencia del chocolate hace que apenas se aprecie.

El libro que comenté para realizar esta receta es el de «Las Brujas» de Roald Dahl. Y como ya dije…Bombones mortales….de lo ricos que están.

Vamos a la faena!!


Dificultad: Difícil ( pero no tenéis que tener reparo a preparar estas recetas más complicadas, hay que ponerse manos a la obra, si no lo intentáis no sabéis cuán de difícil  o fácil os puede resultar. Yo os tengo que decir que a mí más que difícil me resulta muy laborioso, pero respetando tiempos, medidas y temperaturas, la repostería es así, seguro que os salen) .

Ingredientes:

  • 500 gr. de chocolate negro mínimo un 32% de cacao.
  • 250 gr. de chocolate negro rallado mínimo 32% de cacao.
  • 250 gr. de chocolate con leche.
  • 100 gr. de aceite de avellana.
  • Termómetro de cocina  para medir la temperatura del chocolate.
  • Molde para bombones.

Lo primero de todo es atemperar el chocolate. Este paso es el más importante, si no lo realizamos bien, o simplemente nos lo saltamos, nuestros bombones no tendrán brillo ni cristaliza por lo tanto no se endurecerá.

Ponemos al baño maría los 500 gr. de chocolate negro para que se funda, hasta alcanzar una temperatura de 40º.

Una vez llegados a dicha temperatura vertemos en el bol donde previamente tendremos el chocolate rallado. Mezclamos bien y con una batidora de mano batimos hasta integrar completamente y baje a una temperatura de 30º. Este será el momento para empezar a usar nuestro chocolate.

Rellenamos nuestros moldes, y una vez llenos lo volcamos (sobre un papel de horno o una fuente para poder aprovechar este chocolate) con movimientos circulares. Lo que pretendemos es que se nos quede una cobertura para luego rellenarlos. Metemos estos moldes en la nevera y los dejamos media hora. 

El bol de chocolate fundido que nos sobró lo pondremos en un recipiente con agua templada para mantener la temperatura (CUIDADO!! no puede entrarle agua).

En otro bol fundimos el chocolate con leche al baño maría, una vez fundido añadimos el aceite y removemos bien. Para facilitar la tarea, vertemos esta mezcla en una manga pastelera, la guardamos un poco en la nevera para que se enfríe un poco (pero con cuidado de no pasarnos de tiempo pues de lo contrario se solidifica).

Sacamos nuestros moldes de la nevera, nuestro chocolate ya estará duro. Es entonces cuando rellenamos lo huecos con la mezcla de la manga, pero si llegar a llenar hasta arriba.

Volvemos a llevarlo a la nevera y lo dejamos mínimo 2 horas.

Sacamos los moldes (el relleno tiene que estar duro) y terminamos de rellenar con el chocolate negro del principio. Volvemos a meter los moldes en la nevera mínimo 1 hora, si es más no pasa nada.

Ya solo queda desmoldar y disfrutarlos. 

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Flan de huevo.

Y aquí os traigo el postre de la novela «Se prohíbe mantener afectos desmedidos en la puerta de la pensión». Y este postre es un flan de huevo casero, que nada tiene que ver con los que podemos comprar en el supermercado, el sabor de este es inconfundible.

Vamos a la cocina…


Dificultad: Fácil-media (intento ser muy objetiva en lo de poner la dificultad, me cuesta un horror, pues casi todas las recetas que os traigo me parecen que son fáciles, aunque luego hablando con amigos al respecto me dicen que no lo son tanto. Si en alguna ocasión veis que estoy equivocada acerca de la dificultad puesta, no dudéis en decírmelo y la cambiaré).

Ingredientes:

  • 400 ml. de leche.
  • 100 ml. de nata fresca.
  • 4 huevos.
  • 100 gr. de azúcar.
  • 1 vaina de vainilla.

Para el caramelo:

  • 50 gr. de azúcar.

Ponemos el horno a precalentar a 170º

Vertemos la leche en un cazo junto con la vaina de vainilla, lo ponemos al fuego y llevamos lentamente a ebullición. Retiramos del fuego y dejamos infusionar con la vaina durante media hora. A continuación añada la nata a la leche.


Preparamos el caramelo.

En un cazo ponemos los 50 gr. de azúcar, sin dejar de remover hasta que hierva y el azúcar esté dorado y se caramelice. (Para que el caramelo sea más fluido se le puede añadir 2 cucharadas de agua al azúcar)

Vertemos el caramelo en el molde o moldes individuales. Reservamos.


En un bol ponemos los huevos junto con el azúcar y batimos. Retiramos la vaina de vainilla de la leche y vamos incorporándola en forma de hilo sobre los huevos batidos a través de un colador y sin dejar de remover.

Vertemos la mezcla en nuestro molde o moldes individuales, lo ponemos al baño María en una bandeja con agua hirviendo que cubra 1/3 de nuestro molde.

Horneamos durante 30-40 minutos hasta que los pinchemos con un palillo y este salga limpio.

Los dejamos enfriar a temperatura ambiente, y una vez fríos los meteremos en el frigorífico durante unas 4 horas

 

 

 

 

 

 

 

batimos