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VIDA.

Cuando la vida te da toques, de esos que te dejan en la bifurcación de dos caminos.


Uno de ellos es cómodo, fácil aparentemente, se dan todos los clichés que se supone que tiene que tener un camino. El otro es incierto, grandísimas curvas te impiden poder ver que sigue a continuación, apenas se deja ver con claridad, a simple vista, no tiene nada de lo que supuestamente ha de tener un buen camino. Sin embargo, un sexto sentido te empuja a seguir el camino más angosto.


¿Lanzarte a lo que parece el vacío o tomar el acomodo de un sendero sin curvas?
Toda decisión conlleva su riesgo, y pisar sobre lo fácil es pisar sobre seguro, pero ¿Qué es mejor? ¿Un camino recto sin emoción, o uno con curvas imposibles?
La vida es riesgo, y las curvas hacen que nos sintamos viv@s, más que importa lo largos o cortos que sean esos caminos si nos aporta “vida”, esa vida que sentimos fluir por todo nuestro cuerpo, que nos hace ser director de nuestra propia orquesta, donde sentimos cada nota que se produce, porque dejamos que se expanda el sonido sin miedo a que no vuelva a sonar, tan solo disfrutamos ese momento.


Tod@s necesitamos dejarnos sentir cada nota que se produce en nuestro interior, sin miedo a nada, porque eso, todo eso, es vida. 

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El reflejo.

Mira bien que es lo que te molesta del otro y descubrirás lo que tienes que cambiar en ti.
Surrealista, ¿verdad? ¿Cómo vamos a llegar a pensar que cuando algo nos molesta de la otra persona, en realidad es un reflejo de algo que tenemos que cambiar en nosotr@s.?

Cuesta analizarse a un@ mism@, no es que nos creamos perfect@s, la mayoría no lo hacemos, pero sí que todos, o la inmensa mayoría, creemos que cuando algo no nos gusta de la otra persona, es sin duda su culpa. No solemos pararnos, y mucho menos si la cosa llega a enfado, en dar la vuelta a la situación y preguntarnos, ¿por qué me molesta tanto? La primera respuesta suele ser muy rápida, casi sin pensar, pero si volvemos a formular la pregunta, frente a un espejo, pensando que no es tu vida, sino que eres mero espectador y analizador de una escena que no te atañe, entonces la cosa cambia, desde aquí, ya si, desde el otro lado de la barrera donde eres “otr@”, puedes vislumbrar la raíz del porqué. En muchas ocasiones las respuestas no son bonitas, pero como en ese momento nos encontramos al otro lado, poco importa que lo sean o no, estamos siendo realistas. Analizando cada detalle y buscando la base, llegamos al punto que nos hace saltar, y ese es el punto que tenemos que modificar, si lo queremos arreglar, lo cual sea como fuere lo deberíamos hacer, pues no hay nada más importante que nuestro propio ser.

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Sin nombre.

En el fondo buscamos tod@s lo mismo.
No hay nada tan poderoso como enamorarse, ese estado puede llevarte a un plano que sin ser tangible puede llenarte por completo o hundirte hasta el fondo.


Un sentimiento que hoy en día no queremos ponerle nombre, ¿acaso nos asusta lo que eso significa? Sin embargo, queremos alguien que desee darnos un beso de buenos días pese a no llevar la mejor cara, que comparta contigo esa mantita en el sofá, que solo con mirarte o escucharte, sepa a ciencia cierta que algo te pasa, que no estás bien, que no seas lo que le falta para llenar un hueco, sino que seas la persona que sin necesitarla quiere que formes parte de su vida, de tu vida.


Tod@s necesitamos alguien que nos quiera para toda la vida, aunque no queramos ponerle nombre. 

Feliz San Valentín!

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Un cuento.

Se  está  orquestando un cuento, donde ahora es un susurro nada más, con su baile que apenas acaba de comenzar, con pasos como leves caricias, pues los zapatos son de cristal, frágiles, más nunca débiles, ayudan a ejecutar una danza que hipnotiza a quien se atreve a mirar.
Shssss, no lo cuentes, pues la envidia puede aflorar, en corazones afligidos que no pueden bailar.
Como en todo cuento que se aprecie, nunca ha de faltar, un cazador, un lobo, una manzana, una rueca donde hilar, o como en cuentos más modernos, una pandemia quizás.

Todo resulta perfecto, aunque de muy cerca apenas se puede apreciar, sinfonía de notas hiladas entre si, con un gusto exquisito tan difícil de conseguir. Personajes en escena jamás puestos por casualidad, hasta una leve sonrisa, una palabra, está donde debe de estar.

Por eso shssss, no lo cuentes, tan solo déjate llevar, por esa melodía tejida solo para ti, para hacerte brillar.

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QUERER Y DESEAR.

La fina línea entre desear y querer.
¿Qué es lo que más tendemos hacer? ¿Deseamos primero y como consecuencia terminamos queriendo? O, por el contrario, ¿queremos y luego nos damos cuenta que
lo estábamos deseando?

Cuando deseamos algo, sea lo que fuere, surge dentro de nosotr@s, una fuerza que se instala sin previo aviso, que en muchas ocasiones nos taladra la cabeza constantemente como si fuera nuestro único pensamiento. Se hace mucho más persistente el hecho de que lo que deseamos sea factible, dado que desear inmensidades hace saltar un poco nuestros interruptores de…baja a la tierra, y nos deja esos deseos vagando en una nube, y tal cual, se van moviendo sin rumbo con la suave brisa que provoca nuestra imaginación.
Pero esos deseos que sabes que puedes conseguir, que algunos puedes incluso llegar a tocarlos con la punta de los dedos. Esos son machacones, esos son los que se hacen con el control de tu cabeza y no consienten ser sustituidos, ya que el mero hecho de saber que son alcanzables te pone en modo soldado- aventurer@, para lograr lo que solo rozas con los dedos. ¿Pero, acaso esto será bueno? ¿Bueno para nuestra salud, nuestra salud mental? Porque el agotamiento físico sabemos cómo quitarlo, pero y el que cansa sin movernos, ¿ese cómo lo paliamos?

También tenemos el querer, este tiene como más peso, pero no siempre nos viene el pack completo. Deseamos algo y luego lo queremos, pero en ocasiones el querer es la consecuencia de algo repetitivo que a base de ser presente terminas cogiendo cariño incluso queriendo. Es lineal, más estable que el desear, también muy placentero, te hace saltarte la parte de la ansiedad y la impaciencia que produce el desear, aunque eso supone también quitar la pimienta que eso le otorga.

Y, ahora bien, ¿qué eres más, soldado-aventurer@, o prefieres quitar la pimienta que eso da?

¿Acaso podemos desear sin querer, o querer sin desear? 

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Una semilla.

Reina el silencio, en la oscuridad de la noche. No es un silencio cualquiera, es un silencio impuesto ante unas circunstancias complicadas de doblegar. El silencio de la noche suele ser una caricia, más no cuando es impuesto, cuando detrás hay unos motivos y no son solo placentera quietud.

Normas a seguir si queremos volver a ese mimo nocturno que nos trae las altas horas. Un día más, o más bien un día menos para que empecemos
a ver los resultados de las semillas plantadas. Todo resurgir necesita altas dosis de paciencia. Los acontecimientos que tanto anhelamos llevan su propia medida de tiempo que en nada corresponde al que conocemos. De poco sirve querer avanzarlos, pues tan solo podremos conseguir llenarnos de impaciencia burbujeante difícil de controlar.


De nuevo calma, fuerza y confianza. Desterrar el Ego que aprovecha cualquier instante para colarse de cualquier manera posible. Batalla incesante que no duerme y en consecuencia, no te deja dormir. Más, merece la pena la lucha cuando sabes, que a pesar de no parecer bonito, tu interior siente que vas por el camino correcto. Y esta vez si que le harás caso. Ahora escuchas y sigues el camino que sientes, esta vez todo es diferente.

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Exigencias.

¿Cuándo vamos cumpliendo años, nos volvemos más exigentes?

¿O es cuando maduramos? Pero, Hay personas que cumplen años, y son pasivas y otras que son maduras pero conformistas. Entonces, ¿Qué hace desencadenar el volvernos exigentes? No el tipo de exigencias que podemos tener de niños o de adolescentes, no las exigencias de lo quiero y lo quiero ya. Mas bien exigencias con el mundo, nuestro mundo.

Exigencias, con la vida, con el sexo, con el amor propio, con las compañías, con lo que quieres a tu lado, con la comida, exigente con lo que no quieres y con lo que sí, con lo que suma a tu vida y lo que no.

Creo que hay que romperse para comenzar la reconstrucción con lo que queremos y lo que no. Los fracasos son bocetos de nuestra vida, es verdad que tenemos bocetos que creemos que ya casi están terminados, o más bien queremos que así sea, porque cuesta mucho construir, pero un día o bien a golpes o por revelación llega el momento de la destrucción, una destrucción que se acontece porque nuestra obra tiene fallos, errores con los cuales no se debe vivir, y la vida, como buena maestra, nos borra el trabajo realizado, aunque no siempre de buenas formas, y es aquí cuando viene seguida la reconstrucción, pero esta vez poniendo más cuidado que la vez anterior

, de eso trata la vida, ensayo y error, hasta que nos quede perfecto, como un traje echo a medida tan solo para nosotr@s.

Basta de sentirnos culpables por ser exigentes con nuestra propia vida, pero hay que ser exigentes con medida, de esas exigencias que parecen que no lo son, que no le damos importancia, aunque en realidad son icebergs en nuestro océano. Controlemos el Ego que solo es falta de amor y confianza a la persona que mas tenemos que querer, …nosotr@s mism@s.

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Amarse con los ojos abiertos.

Qué gran título para un fantástico libro de Jorge Bucay y Silvia Salinas. Un libro que para mí es de esos que tienes en la mesita de noche, y que tienes para consultar siempre que te creas confundid@.

A mi este libro me encontró, me estuvo esperando largo tiempo hasta que llegara el día indicado en que yo lo viera. Lo sé, suena muy raro que un libro te busque y te espere a que tu logres un día en concreto, encontrarlo. Y es que no creo en las casualidades, ya hace mucho que aprendí a que las cosas pasan cuando tienen que pasar y nada de lo que nos sucede es azar. Y este libro se me presentó justo en una etapa de mi vida muy importante.

Sincronía, así lo define el libro …..sincronización de los hechos. ” Solo cuando el alumno está preparado aparece el maestro”

Y ahora después de terminarlo y llenar sus páginas de marcadores, se va de mi lado. Ya cumplió su misión en mi, y fue la de darme otro punto de vista a todo lo que nos es enseñado a través de los años. Ahora seré yo quien lo busque en las librerías para tenerlo como libro de “vuelta al camino”. Porque hay cosas, enseñanzas tan fuertes, que nos han machacado tantos años, que cuesta eliminarlas, cambiarlas por algo totalmente distinto. Y resulta necesario, al menos en mí caso, el poder volver a releer esas innumerables líneas marcadas, para volver a reconducir lo que ya leíste la primera vez.

El enfocarse en uno mismo cuando algo no nos gusta del otro, analizarnos si prejuicios y siendo sinceros con nosotros mismos, nos abre una puerta, con infinidad de respuestas. Ante todo, nos enseña a trabajar el desapego, esa fantástica palabra que hace unos meses resonaba en mi cabeza como si fueran campanadas, y yo me negaba a oír, pero que una y otra vez se hacía presente cada vez con más frecuencia hasta que no me quedó más remedio que escuchar.

No fue fácil, desprogramarse una misma y sin embargo la única manera de hacerlo era esta. Solo uno mismo puede hacerlo, por más ganas que las personas que te quieren quisieran hacerlo por ti, no se puede. El cambio se produce desde dentro y a ese punto solo puede llegar uno mismo.

Y merece la pena, ya lo creo, recuperas las riendas de tu vida. Pero ojo, no solo por conseguir llegar quiere decir que ya no tienes que trabajar más en ello. El trabajo será constante, la vida es un aprendizaje continuo, pero una vez llegas la primera vez ya solo queda mantenerlo, y eso ya no es una cuesta arriba, es más bien un mantenimiento propio el cual te da una satisfacción enorme verte desde ese punto. Ayudarte a entenderte, a quererte, hace que por una acción recíproca quieras y entiendas mejor a los demás.” ……Enamorarse es amar las coincidencias, y amar, enamorarse de las diferencias….

Desde una mente libre de prejuicios y reproches, donde aprendes que el desapego no significa querer menos, sino querer más. Donde la libertad empieza por la que nos damos a nosotros mismos, no la que creemos que nos quitan.

“…….Amarse con los ojos cerrados es amarte ciegamente. Amarte mirándote de frente sería una locura…. Yo quisiera que me amaran con locura…..”

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De tu mano.

Cuéntame que es lo que pasa por tu cabeza, esa sinfonía incesante de sentimientos y sensaciones que se agolpan y solapan unas a otras.

Dime que piensas cuando me miras, pues tus ojos son como mirar a un infinito lleno de sentimientos, donde el color del agua es testigo de todo, pues es reflejo de lo que en ella se mira. Si el universo se pudiera comprimir, estaría allí, galaxias, planetas, vida… todo en ellos.

Fotos, instantáneas de todo lo que no se puede fotografiar, pero que se graban en el alma donde nunca se borrará.

Traspasas toda frontera establecida, fronteras no escritas más presentes siempre. Descubrimiento constante, descubrimiento mutuo. Emociones compartidas en un mundo aún no preparado para ello, más todo llega y se va cuando llega la hora.

Nada es eterno, pero el alma se va llenando silenciosamente con gotas incesantes de un plan divino que en algún momento se estableció, aunque la mente no recuerde. Solo eso perdurará por siempre.

Así es la vida, nuestro viaje pasajero, sin fronteras, sin distancias, sin equipaje, más no significa que no lo llevemos, tenemos una mochila que llenar, pero no con cosas materiales que pesan y nos hunden evitándonos avanzar, cargarnos de todo eso que no pesa, y que, por el contrario, cuanto más te llenas más liviano te haces.

Dejar que todo fluya tal cual viene, disfrutar de los momentos sin hacer planes para mañana. El mañana es futuro, no sabemos qué nos deparará, el ayer dejó de ser, pero hoy, es nuestro presente, disfrutemos de lo que nos traiga y almacenemos cada instante único, exclusivo sólo de este día, dejemos de analizar, y tan solo vivamos.

Cuando sobran las palabras, cuando se hace el silencio, cuando escuchas con el alma, cuando sueltas el apego, cuando no buscas nada, cuando llegan los momentos, cuando vuelas sin alas, cuando grita tu corazón y ya no hay eco, eso, es vivir el momento.

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Eso era lo que faltaba.

Ahora comprendí, el porqué. Leyéndoles saltó a mi pantalla imágenes de un lugar que la primera vez que la pisé, entró sin previo aviso directo a mi corazón, más algo que no conseguía identificar resonaba dentro de mí, hasta tal extremo de no permitirme llenarme de la esencia del lugar. Algo echaba en falta, como esa sensación cuando emprendes un viaje y al salir de casa se instala en tu cabeza la idea de que algo olvidaste, pero por más vueltas que le das no consigues acordarte de nada, ese presentimiento me acompañó en muchos viajes. Me resultaba absurdo, parecía que todo era correcto, quería que todo lo fuera, creía que todo estaba en su sitio, pero, ¿Por qué no me sentía tan plena, tan llena? algo en mi interior resonaba con palabras mudas, pero fuertes como reproducidas en altavoz.

Conseguía a ratos engañarme a mí misma que eran sensaciones absurdas y en pequeños retazos del día lo lograba, el resto resultaba imposible engañar a esa consciencia interior que es quien nos guía a lo largo de nuestro camino, pero que cuando no se ajusta a lo que creemos que queremos, intentamos taparla, creyéndonos que esta vez se equivoca. Pero no es así, volvemos a equivocarnos, y quizás no nos damos cuenta hasta pasado mucho tiempo, donde un día como hoy, algo hace chispa y logra esclarecer qué era aquello que no dejaba que los momentos fueran plenos, y ahora ya lo sé.

Los viajes, como todo en la vida, se compone de pequeñas cosas que siendo las correctas y unidas abren un mundo de sensaciones que te invade por dentro y por fuera, te llenan. Por desgracia, no siempre logramos identificar esa sensación incómoda que nos avisa que algo en la ecuación está mal.

Yo he tardado años en identificarlo, sé que volveré a esos lugares que me enamoraron el corazón y tendré algún día mi fotografía mental, esa repleta de sensaciones donde las otras veces me faltó.

Ahora lo sé, tiempo atrás solo fui exploradora de parajes, paisajes en blanco y negro con leves retazos de color que son las señales que marcan los sitios a los que volveré para terminar de engalanar con colores y sensaciones lo que se quedó pendiente. Esos lugares conocidos, ahora les pondremos magia, esa que aún no la creemos que sea posible, esa que vino de la mano de la casualidad, pero que ya sabemos que las casualidades no existen, esa en la que con las cosas imposibles que se encontró por el camino, realizó un puente perfecto entre los dos, billete para ese lugar lleno de casas de colores donde se respira tranquilidad e invita a ese paseo que será inolvidable, esa cena, esta vez solo para dos, llena de risas y charlas interminables. Ese abrazo eterno que dirá, ahora ya no falta nada.