amig@s

Amig@s.

¿Hoy que quieres escribir? esa es la pregunta que ahora se instaló en mi cabeza, no lo sé, contesto, tan solo daré rienda suelta a mis manos, a mi cabeza, a mis pensamientos, a mis sentimientos. Muchos son los temas que se agolpan dentro, más ninguno decide dar el paso hacia delante, y cuando uno se atreve, los demás le siguen como por pura atracción, y nos vuelve a dejar en el mismo punto.

Pero mira, se abre paso una idea, coge impulso y se planta la primera, ¡¡yo, yo!!…me dice saltando, ok, hoy hablaré de vosotr@s, de ti, porque cada un@, es únic@, y por ello hablaré en primera persona dirigiéndome a ti, porque sé que cada un@ de vosotr@s os veréis reflejad@ en algún trozo de este texto.

Muchos son los años que me empeñé en salir a flote sola, negándome en redondo en asirme a una mano, y muchísimo menos a pedirla. Pero este año, un año redondo como dice un gran amigo, son tantas las cosas las que cambiaron en mi vida que hasta eso se transformó. No es que ahora me deje mucho, pero sí que no me cierro, y eso ha permitido la entrada de ti.

Como un amanecer tímido en un día muy claro, y después de una tormenta, el cual entra limpio, sin esconder nada, así has entrado. Sin hacer nada, solo con palabras que te salen en el momento preciso, risas inesperadas que haces brotar en mi involuntariamente, confidencias a altas horas de la noche, las cuales hacen que los lazos sean cada vez más fuertes y haga sentir que esta amistad es para siempre aunque nos encontremos lejos, pero sé y siento que puedo contarte lo que sea, porque es ahora donde siguen sucediéndome cosas y enseguida siento las ganas de contártelo.

Llegaste sin previo aviso, no había nada de lo que avisar, quizás a ti si te rondaba algo en la cabeza, pero en la mía nada hacía presagiar lo que venía, tal vez sea por encontrarnos en un año redondo, quien lo sabe. Cuanto más nos conocemos, más parecido encuentro en ti de mí, me veo reflejada de lo que yo he sido todos estos años anteriores, pero mi versión buena, claro. Tanta similitud que cuando me cuentas, cuando hablamos de tantas y tantas cosas, pues no hay ningún tema tabú, puedo llegar a saber cúal es la sensación que sientes en dicho momento, es por eso que las cosas buenas de las cuales conversamos las siento como tal y las no tan buenas tan buenas me calan tanto que noto punzadas dentro de pecho.

Ya me avisaste, ya me dijiste que esta sensibilidad me venía de serie y forma parte de lo que soy, no hay nada que yo pueda hacer para evitar tal don. En algún momento de mi vida espero saber para qué me sirve, o sirve a los demás, si es algo útil, porque por el momento esto no sé cómo gestionarlo muy bien, sé que es algo muy importante, lo veo en tus ojos cuando me miras, cada palabra tuya me cala en el alma, porque tus palabras no son palabras huecas que se dicen por decir, las tuyas tienen peso, muchísimo peso, y es por eso que ansío ese nuevo encuentro, ese café, que me dijiste que está por llegar, necesito tu guía para que me ayudes a entender, a entenderme, algo que olvide al llegar.

Por eso llegaste tú, hace ya unos cuantos años, tú empezaste a mover esta conciencia que tenía aletargada, rondaba por todo mi ser desde que tengo memoria, quizás es que no era el momento para despertar, todo tiene una fecha. Fue un largo trayecto, pero notaba que el cambio se iba produciendo y que las cosas empezaban a cobrar sentido. En todo momento a mi lado, sin pensar en consecuencias, aun sabiendo que el sitio por donde te movías eran aguas pantanosas, fuiste muy valiente, eres muy valiente, aunque tu solo me veas a mi como la que se puso un gran reto en esta vida y sigue con una sonrisa en la cara, pero eso no sería posible sin ti, pensarás que tu presencia no tiene importancia, que podría haber sido cualquier otra persona, pero no, tenías que ser tú, así lo firmamos.

Y sin acordarnos de esa firma, de ese encuentro surrealista, pasan tantísimos años, dónde se habían perdido ciertas esperanzas, sueños que entierras porque comprendes que no se harán realidad, sensaciones de novela rosa se abren paso para dar sentido a una parte de mi vida que creía muerta, inexistente. Y fuerza, mi fuerza, mi Yo superviviente y esta vez optimista. Tantas cosas y sin hacer nada de nada. Tan solo salieron a la superficie como flores de nenúfar, dando color a mi nuevo lienzo.

Un lienzo salpicado de colores, unos son muy potentes otros menos, pero necesarios para llenar y unificarlo todo, porque no se trata de un color solo, sino la unión perfecta de una sinfonía que hasta el leve sonido de un triángulo marca la diferencia de un antes y un después.

Y ahora sí, gracias, a los años redondos, a tantos peces que hay en el río, a la Luz inesperada, a la fuerza contratada, a los ojalas que seguro serán y a mis puntos de colores, porque todos vosotr@s llenáis mi vida.

 

relato

Siempre conmigo.

Cuanto te echo de menos. No hay día que no me acuerde de ti. Han pasado años, muchos años, pero yo siento que no fueron tantos, o más bien que no han pasado, porque te siento cerca, muy cerca, siempre te he sentido así. Esa energía siempre me acompaña y sé que siempre me acompañará, que unas veces la notaré más presente por mi estado de ánimo y otras la notaré más diluida por culpa de un alejamiento involuntario de actitud, pero siempre sé que estás presente.

Fueron pocos años junto a mí, aunque si hubieran sido cien, siempre serían pocos. Pero sí que fueron los más importantes, esos años donde se forman unas bases, quizás fue todo rápido, no había tiempo que perder, era tanto y tan poco. Sin embargo que bien lo hiciste, siempre hacías todo bien, con los años que ahora tengo aún recuerdo miles de momentos contigo, aun se me sigue cortando el habla cuando hablo de ti un poco más en profundidad, porque no hay nadie que se pueda considerar amigo mío que no haya oído hablar de ti, porque tu formas parte de mí, tú hiciste de mi lo que soy ahora por dentro, y es por eso que es imposible no recordarte y que mis ojos se vuelvan vidriosos como lo están ahora mismo, pero no, no es de pena, es de lo afortunada que me siento por haber sido parte de mi plan de vida. Te fuiste, para mi sin previo aviso, quizás no existió esa despedida porque siempre te tengo a mi lado, y lo que permanece para siempre no tiene un adiós. Pero tu marcha era necesaria, hace tiempo que me di cuenta de ello, las cosas jamás pasan sin motivo, aunque en dichos momentos los notemos como puñaladas en el alma, porque lo que nos hace felices lo ansiamos tener para siempre. Es por eso tanta prisa que había por forjar una base tan sólida en mí, tan impropia en esos años pero que tanta falta me iba hacer después. Un contrato firmado y fechado, seguido al pie de la letra porque así tenía que ser, así se estipulo que fuera. 

Y hoy volvieron a mis manos estas ganas de escribir que por breve periodo se evaporó, porque esto no es algo que yo me ponga, piense, salga y me ponga a escribir. No, en mí no va de esa manera, yo tengo que sentirlo dentro y cuando me pongo al teclado dejar que mis dedos plasmen lo más rápido posible todo lo que le va dictando mi cabeza, y digo rápido porque cuando coge carrerilla casi deja sin aliento al más pintado. Y es ahora cuando vuelve de nuevo mis dedos la necesidad de plasmar, y sorprendentemente viniste tú en este instante. Donde tanto escribí y donde siempre estas a mi lado y es hoy cuando te hablo con los dedos. Lo mejor de todo es que sé que me lees, justo en este mismo instante en que tecleo. 

Persona luchadora como no he conocido otra, buena y amable cuando tenía que serlo, quizás demasiadas veces, pues el mundo no está aún preparado para tanta bondad sin esperar nada a cambio, y son muchos los recelos suscitados al respecto y eso a su vez en aprovechamiento del cual beben muchos sin importar dejar la fuente seca. Pero tú, volvías a emanar, sin prejuicios, solo pensando en apagar la sed de quien fuera a beber sin importar las intenciones con las que venía. 

Yaya, mi Yaya, mi pilar, mi maestra, mi guía, mi todo. Gracias infinitas. Te quiero.

Señales

Señales.

Señales, fe, casualidades… da igual como lo llamemos, da igual nuestras creencias religiosas, o no creencias, porque existieron, existen y existirán siempre. Que las veamos o queramos verlas eso ya solo son cosa nuestra.

No importa que descabellado nos resulte, eso no es cosa nuestra, de cómo se haga o de la mano de la que vendrá, eso no es nuestro cometido. En cambio, la de creer, la de tener fe, la de estar con los ojos muy abiertos….ese sí, esa es una de nuestras misiones. No siempre estamos de acuerdo, pues muchas veces nos rompen los esquemas que teníamos hechos, pero hay que recordar que esos esquemas son los que nosotros nos montamos, no el esquema que tenemos que seguir. Somos libres de hacer lo que nos plazca, podemos negarnos a seguirlo, pero entonces nos negaremos a ser felices.

Y ¿quién no quiere ser feliz? En ocasiones la vida toma rumbos que no nos gustan y a ello solemos reaccionar mal, negándonos en redondo. Lloramos desconsolados ante tal situación que no queremos entender porque nos duele. Y lo que ahora diré sé que sonará mal y much@s no entenderéis, pero duele tanto en parte porque nos negamos a seguir otro camino, el verdaderamente nuestro. Desconsolados pedimos que ese dolor termine, pedimos explicación a todo lo que nos está pasando, y rogamos luz. Tanto que pedimos y se nos olvida lo principal, abrir puertas y ventanas de par en par, pues ¿cómo queremos que entre luz si no lo hacemos? Como queremos llenar de paz de sosiego el corazón, el alma, si no dejamos sitio.

Las llamadas son escuchadas, aunque no se griten con la boca, tan solo tienes que hablar, ni siquiera gritar, solo con tu pensamiento. Increíble, ¿verdad? Lo es. Pero tan increíble como el funcionamiento automático y perfecto de nuestro cuerpo, de la creación de una nueva vida… y sin embargo así es.

No desesperes ante tales giros, pide ayuda que esta vendrá seguro. Pero acuérdate de abrir puertas y ventanas, es nuestra vida de la que estamos hablando, bien merece un esfuerzo por mucho que nos duela dar paso.

Y mañana, mañana será un nuevo día…para volver a sonreír.

Placeres.

Placeres.

Hay muchos placeres en la vida, Para unos son unas cosas y para otros son otras. Pero ¿cuántas veces nos hemos dejado llevar por el placer simplemente de estar? Sí, solo estar, en este momento, en el ahora. Todo tenemos gustos diferentes pero el placer de estar con uno mismo, a gusto y en paz, es universal. No todos logramos pararnos, muchos lo dan como algo que no existe, o que simplemente no se puede sentir placer por el mero hecho de estar, y eso es porque no encontraron ese momento.

El placer de estar con uno mismo, o con una misma, sin hacer nada, o haciendo mucho, porque cuando te paras de verdad, y dejas libertad a tus sentidos, todo se vuelve intenso. El placer de notar la brisa que hoy en este caso viene templada y que resulta como una caricia inesperada. Los sonidos que tenemos alrededor, claro que sería mucho mejor en mi caso, estar más en contacto con la naturaleza, pues me encuentro en pleno corazón de la ciudad, no obstante hoy es domingo, y la ciudad aún contracturada por esta pandemia que estamos pasando todos, hoy resulta dormida, o más bien, soñolienta, eso favorece en que los sonidos que me llegan no sean alboroto de ruidos estresantes, sino todo lo contrario, si presto atención oigo a lo lejos unos pájaros piar, están en pleno auge con esta buenísima temperatura. También me fijo en la escasa vegetación que logro ver desde mi ventana, parece mecida por esta brisa que corre o quizás como si una mano invisible pasara reiteradas veces acariciándola dando pie a ese bamboleo que adopta como si de un baile se tratara. Respiro hondo, me siento tranquila, me siento feliz, y eso me invade todo el cuerpo y solo me sale decir, Gracias.

Disfrutar de estos momentos, conmigo misma, te hace plantearte las cosas, disfrutarlas de una manera más intensa, mucho más relajante. Hace unos meses no podía llegar a pensar que pudiera encontrarme así, y es por eso que doy las gracias. Desprogramarse cuesta mucho, es una ardua tarea que requiere mucho tesón y dedicación 24 horas al día, todos los días. Empezar cuesta bastante, primero y ante todo tienes que saber que es lo qué tienes que arreglarte a ti misma, y una vez encontrada la avería, sacar fuerzas para querer arreglarlo, porque, aunque parezca obvio, querer repararnos en realidad no es tan sencillo y no siempre nos vemos con fuerzas necesarias para querer emprender ese camino, tenemos fuerzas más que de sobra, aunque no lo sepamos. Pero una vez tomada la decisión, es no cejar en el empeño, si se es constante, pronto se empiezan a notar los resultados, pero sobre todo y, ante todo, no cuestionar lo que nos viene, pues si viene es porque nos hace falta para evolucionar y enriquecer nuestra vida.

Y mañana, mañana será un nuevo día….para  volver a sonreír.

 

Reseña de Mil días en Venecia

Mil días en Venecia.

Vuelvo a retomar mis orígenes después de un gran parón, no dejaré mis relatos, lo cuales complementaré en este blog que ahora se volvió más versátil. En esta ocasión os traigo una novela de la escritora Marlena de Blasi, de la cual ya realicé varias reseñas de otros libros suyos. Si os gusta Italia, y no estáis allí claro, esta es una buena ventana a este país que a mí me tiene enamorada. A pesar de haber tenido la suerte de poder visitarlo en reiteradas ocasiones, aun me falta mi Italia idílica, de esas de libro rosa, lo siento, soy una romántica. Pero sé que la tendré.

Me ha resultado difícil el poder terminarlo, y no es porque sea difícil de leer, sino por las circunstancias pasadas. Lo empecé antes de esta cuarentena, y el parón que me desconcentró en todo no me permitía una concentración suficiente para poder continuarlo pese a mis muchos esfuerzos. Luego vino la otra parte, al ser Italia, en concreto Venecia, hacia resurgir recuerdos que eran dolorosos. Sabía que este libro no podría volver a retomarlo hasta no cerrar esa etapa. Y así ha sido. Ahora ya no trae recuerdos, ahora viene sola, de la mano de la impaciencia por volver a redescubrirla, llena de ilusión, y de entusiasmo, pues me falta por ver Mi Venecia, esa Venecia que no sea yo sola la que la sienta.

Y ahora, esta novela, trae como no podía ser de otra manera, una linda historia, increíble pero a la vez verídica, lo cual nos viene a demostrar, que las casualidades no existen y que nunca es tarde para vivir un sueño.

Marlena es una chef estadounidense, apenas sabe hablar italiano salvo si se trata de hablar de cocina. Fernando “el desconocido” como ella lo llama, un veneciano que se quedó prendado de ella en una de las visitas de Marlena a Venecia, en ese momento no le dice nada, pero un año más tarde la vuelve a ver en una cafetería. El destino ha querido que sea ese el momento y no antes cuando se conozcan los dos. 

Ella totalmente reacia ante tal situación no puede dar crédito a lo que le está ocurriendo, pero por vez primera se deja llevar, hasta el punto de dejar su país, vender su casa, prácticamente todas sus posesiones e irse a Venecia a casarse con su “desconocido”. Suena a locura, pero acaso la vida en sí no es una locura, que solo el que se arriesga gana, porque ¿y si la locura no sale bien? pero, y si sale bien. Porque poner barreras a las casualidades, si estas no existen.

 

Pequeñas cosas

Pequeñas cosas.

De eso está formada la vida, o al menos la mía, de pequeñas cosas, que juntas hacen la felicidad y que cada día cuente.  Quizás sea por esta cuarentena o por mi estado ya pasado, el asunto es que ahora soy mucho más consciente de esas pequeñas cosas. No digo que antes no existieran, pero como un salpicar muy de vez en cuando y yo la única culpable de dejar pasar mis días sin que contaran, acomodada en mi historia ficticia. Pero hoy, justamente hoy, miro atrás y me doy cuenta que este mes contaron todos y cada uno de sus días. Personas, palabras, sensaciones, sentimientos, actos… todas y cada una de ellas hacen de mi día a día una plenitud.

Hasta el día amanece resplandeciente, como queriéndose unir a esas pequeñas cosas que hacen un todo. Atrás quedó ese diario vacío, porque ahora es un libro por llenar, con muchísimas páginas en blanco deseosas de ser llenadas, y con la impaciencia que a la vez yo transmito y que tengo que frenar pues la vida va lenta, pero con paso seguro y firme. Son tantas cosas que se me agolpan en la cabeza que quieren ser plasmadas, pero cuesta darles forma porque todas están agitadas por el entusiasmo de este nuevo libro por rellenar. Difícil moldear sensaciones para poder pasarlas a mis dedos y que sean ellos los que van automatizados soltando todo en forma de letras. Recuerdo la primera vez que entré a la Mezquita de Córdoba, me invadió una extraña sensación de euforia ante tal maravilla, donde a mi cuerpo solo le apetecía correr entre ese mar de columnas y tener unos brazos inmensos para abrazar lo que mis ojos percibían, los cuales no daban abasto a captar todo y yo creo que es por eso que todos los demás sentidos salieron a flote, para no perder ningún instante de aquello, todo era perfecto, no había gente en ese preciso instante y hasta la luz te envolvía aquel momento como si de un dulce exquisito se tratara. El porque me sucedió aquello, no lo sé, pero se quedó grabado en mi retina para siempre, al igual que ver por vez primera el cuadro de la Última Cena de Leonardo Da Vinci, evidentemente no estaba sola, las visitas van por grupos, pero el instante de entrar en la sala y verme ante tal obra, me invadió esa sensación que llega sin previo aviso ante situaciones que no esperas, y te llena de tal modo que hace que por instantes sientas que estás sola, todo el mundo desaparece alrededor, y la invasión te hace aflorar  todos y cada uno de los sentidos, apenas entiendo de pintura, ojala mis conocimientos fueran muchísimo más amplios, pero eso no impidió que al verme ante esa obra se me saltaran las lágrimas que brotaban sin mi permiso, tan solo, al notar su recorrido por mi cara, fui consciente de ello y me hizo regresar al grupo con el que me encontraba, ¿qué fue lo que ocurrió? tampoco lo sé.

Esos momentos hacen que tus días importen, pero claro ¿acaso no vienen con cuentagotas como me ha pasado a mí? no, ya no creo que vengan tan dosificados, vienen todos los días, tan solo hay que mirar bien dejarse llevar por todo, esperamos que esos momentos de  “carga de energía” vengan anunciados con neones y altavoces para poder verlos y que no se nos pase ante nuestra mirada y consciencia ausente, la cual no vive el momento presente sino que se regocija en cosas pasadas las cuales ya no tiene sentido pensar o en cosas futuras que solo tiene conjeturas porque aún no pasó. ¿Pero cuando está en el ahora? como vamos a ser conscientes de esas “cargas de energía” si no estamos en el momento actual. La pandemia nos dio eso, tiempo obligado de parar, de sentir el momento en el que nos encontramos, lo de ayer no importa, ya pasó y nada podemos hacer para cambiarlo, mañana es incierto, no se puede hacer planes, pero el ahora sí que podemos vivirlo tan intensamente como queramos. Y al vivirlo así, empiezas a ver esas pequeñas cosas que son las que realmente te llenan, nada tiene que ver con cosas materiales ni superfluas, eso se queda arrinconado. Yo me he dado cuenta de las ganas que tengo de ver y reunirme con los amigos, de abrazar a personas que se han hecho importantes en mi vida, creo que cuando dé y reciba esos abrazos no voy a querer soltarme, necesito ese contacto físico como si de agua se tratara. Sé que suena extremista, exagerado, si hasta a mí me lo parece, pero es lo que dicta el corazón, mi cuerpo y mi cabeza, y si todos están de acuerdo será porque de verdad es auténticamente necesario para mí. Ya no voy a construir barreras, que lo único que hace es dejar las cosas estancadas, no deja fluir las verdaderas cosas que se necesitan. Ya que por alto que se haga el muro no quiere decir que desaparezcan y ya no sean necesarias, ¡qué va! se quedan aguardando, si es necesario, toda una vida.

Así pues, a llenar la vida de esos pequeños momentos, que a la vez son tan grandes, que llegan como regalos para que el día importe. No hay que cuestionarlos, analizarlos, si se debe o no se debe, porque llegan para ser vividos, sentidos, tampoco los guardes como esas cosas que no se usan para que no se estropeen, y esperas el momento adecuado para poder disfrutarlo, no, es el ahora, cuando llegan, el momento de ser utilizados, porque esos pequeños momentos vienen con fecha de caducidad, tan solo son para el día presente, porque mañana vendrán más.

Y mañana, mañana será un nuevo día…para volver a sonreír.   

Stop, sonríe

Al mal tiempo buena cara.

Eso es lo que todo el mundo nos dice cuando pasamos por momentos duros “al mal tiempo buena cara”. Suenan un poco a idioma extranjero, o más bien a lenguas muertas, donde oyes los sonidos, pero no comprendes el significado, y si lo comprendes te haces la loca porque no quieres entenderlo. Pero así es, no queda otra, bueno sí, quedarte quieta y recrearte en lo mal que puedes estar, pero eso no aporta solución. Hay que sentarse, y con la cabeza fría recapacitar, sopesar la parte mala con las ganas y el entusiasmo que se tiene por salir.  En un principio parece que no hay esas ganas, ese entusiasmo, pero eso es lo que mostramos hacia afuera, porque en el fondo sabemos que eso existe, claro que existe, nadie quiere estar mal, deseamos ser felices por duro que sea el camino y por escépticos que queramos volvernos. En ocasiones nos decimos que ya no volveremos a confiar, que no nos volveremos a enamorar para que no nos vuelvan a romper. Pero la vida es camino, donde la única meta que hay, que tener es ser feliz a toda costa. No vale rendirse, solo vale pasar los duelos que sean necesarios para conseguir nuestra meta. Nos caeremos muchas veces por el trayecto, unas veces nos costará más que otras levantarnos y volver a empezar. Pero de eso se trata, de volver a empezar y ver fríamente todo lo que hemos ganado con el cambio que se ha producido. Jamás negarse el derecho de volver a sentir mariposas en el estómago, de volver a confiar, de volver amar, porque todo eso son obstáculos que nos ponemos en el camino y contrario a lo que pensemos que eso lo hacemos para que no nos vuelvan hacer daño, es todo lo contrario, el daño nos lo estamos haciendo nosotros mismos negándonos a volver a sentir felicidad dentro del pecho, no nos boicoteemos, suficientes curvas y sorpresas tienen los caminos para que además nos hagamos eso.

Positiva, cuesta ser positiva, pero que otra cosa queda, porque lo contrario no me aporta soluciones y yo me niego rotundamente a no ser feliz, entre otras cosas porque ya soy muy feliz, ahora solo me falta amueblar mi felicidad, y eso estoy en ello. Soy impaciente, sé que todo vendrá a su debido tiempo pero son tantas las ganas de empezar amueblar ese estado en el que me encuentro que me cuesta ponerles un poco de freno. Ayer me dijeron que una de las cosas que gustaba de mi era que no me rendía. Es verdad que las primeras semanas esta cuarentena, yo quería rendirme, me sentía sin fuerzas, sin ganas, pero ya se encargó el universo de echarme una mano y ponerme frente a los ojos cuál era la solución, se me daba las solución a todo lo que estaba pasando de infinidad de formas, primero de manera sutil, de una forma “suave” vamos a llamarlo, pero como yo me seguía negando en redondo, las llamadas de atención, la solución, fue tomando fuerza y cada día que pasaba negándome a ver, más duro se volvía todo, dejó de “suave” para dar paso a golpes de martillo, y eso a su vez a cañonazo limpio, y ya llegando a esa tesitura no te queda más remedio que atender a lo que tienes que hacer. Yo lo hice a regañadientes claro, el cañonazo fue tal que no me quedó más remedio. Y fue aceptar y soltar cuando la lluvia empezó amainar sorprendentemente. De alguna manera el universo te da la enhorabuena porque aunque ha tenido que recurrir armamento pesado, es ahora que estas de nuevo donde te corresponde, en tu camino, en tu misión. Ya solo quedaba volver a ser receptiva a todo, avivar los sentidos antes dormidos, no sabes por donde vendrá, un libro, una llamada, alguna acción que desencadena a otra, una canción de un artista nuevo, hasta una frase en alguna red social, porque no existen las casualidades, todo va enlazado.

Y llegado a este punto, sí, al mal tiempo buena cara, porque la vida va muy muy despacio, y nosotros queremos ir muy muy deprisa.

Y mañana, mañana será un nuevo día…para volver a sonreír.

 

Grabar

Palabras a grabar.

Pasan estos días de cuarentena, ya me siento con la necesidad de ciertas cosas que antes no las valoraba lo suficiente o en mucho de los casos no tenía. Ahora todo está renovado, todo es nuevo y lejos de lo que hace semanas pensaba que mi vida se había convertido en una página en blanco, incierta, con miedo a lo desconocido, por lo que vendrá si es que veía algo…. todo eso formó parte solo de aquellos días, ahora esas páginas rebosan alegría, optimismo, ya no hay miedo, si no muchísimas ganas por empezar todo. Esta vez sí que es todo, no como en otras ocasiones anteriores que siempre quedaban resquicios. Todo es tan nuevo y emocionante, que me impacienta por saber al día siguiente que me deparará, porque sé que son todo cosas buenas.

Cuando oyes que todo tiene su parte positiva que gran verdad, puede que no lo veas en ese momento, pero así es.  Creo que lo más importante es que, aunque te encuentres tocando fondo tengas grabado o te grabes (porque nunca es tarde) que todo sucede por algo muy bueno que está por venir, y que reflotarás. Eso tiene que estar escrito a fuego, por ello no quiere decir que no dolerá los cambios de etapas, por supuesto de duelen, pero eso también es bueno, llora hasta que no quede ni una lagrima en tu cuerpo, grita hasta quedarte sin voz, patalea y enrabiarte, estás en tu derecho de todo eso, no te guardes nada, porque todo eso lo tienes que soltar, tirar fuera de tu cuerpo, es el duelo, tu duelo, tus noches sin dormir, tus ganas de tirar la toalla, de no querer ser fuerte como todo el mundo te dice, sino de ser normal con una vida normal. Pero después de todo eso, de pasar tu periodo que tienes que pasarlo si o si, hazlo cuanto antes, no te demores sino hace callo y aunque igualmente se puede limar y eliminar, no es bueno llevar esas toxinas dentro del cuerpo. ¿Cuánto tiempo dura? no se sabe, cada persona es un mundo, pero algo prudencial, y sobre todo con la idea en el fondo de querer pasar página, no un punto y seguido como yo creía, ni siquiera un punto y aparte, sino un punto final. Porque es un nuevo libro, no una continuación. Y una vez que logras llegar a comprender eso, no rompes esos libros que cerraste, tan solo lo guardas en la caja de recuerdos de tu vida, porque siempre formaran parte de tu historia, de tu camino. Eso sí, solo guarda lo bueno, lo malo pasó, y todo lo que nos hace daño hay que eliminarlo de nuestra vida, porque es demasiado bonita para desperdiciarla.

Y como dije al principio, tan deseosa estoy de que esto se normalice, porque me apetecen y necesito esos abrazos que se han quedado en la bandeja pendientes de dar, esas reuniones y cena con los amigos, charlas interminables en buena compañía, en conclusión, esas pequeñas cosas tan grandes a la vez que son las que te llenan la vida, y te hace florecer el alma. Donde tus ojos y tu cara no pueden ocultar la alegría que llevas dentro.

Y mañana, mañana será un nuevo día…para volver a sonreír.

Diccionario

Nuevas palabras.

Cuando las palabras se quedan cortas, confinadas dentro del pecho esperando una nueva hornada, a la espera de que esas nuevas sean más concretas para expresar lo que sientes. Pero resulta complicada la receta, los ingredientes son totalmente nuevos, algunos los conoces de oídas, otros ni tan siquiera sabias que existían.

La emoción es abrumadora, las ganas de aprender, de descubrir nuevos sabores, texturas, ingredientes…¡¡hay tantísimo!! Cada día es mejor que el anterior, ninguno pasa ya sin dejar huella, todos y cada uno de ellos cuenta. Tan solo había que dejarse llevar, no poner resistencia. Pero claro, si la teoría estaba muy bien pero, ¡como imaginar otro nuevo mundo!

Me siento como si toda mi vida me hubiera encontrado en otro planeta ajena a todo, pensando que estaba al corriente de todo lo que pasaba a mi alrededor y no era así. Muchas etapas de las cuales fui aprendiendo muchas cosas. Ninguna pasó en vano, de todas ellas aprendí lecciones muy valiosas. Es verdad que todas fueron dolorosas, el miedo al cambio, la resistencia que se pone a todo lo que acaba, hace que nos duela muchísimo más. Todas han ido en aumento, ganando intensidad, pero analizándolas, me he dado cuenta que, cuanto más a dolido más grande ha sido la enseñanza.

Hay que morir para poder resucitar, no hay otra manera posible de hacerlo. Y si no duele no manera humana de percatarnos de las carencias de las que nos hemos hecho presos, porque solo nosotros somos carcelero y prisionero. Siempre fueron y son nuestras las llaves.

¿Por qué vendé mis alas a mi cuerpo tan fuerte que ni sabía que existieran en mí? No lo sé. No encuentro explicación para ello. Quizás así lo estipulé. Es verdad que si no lo hubiera hecho de esta manera ahora no me encontraría en la situación en la que estoy. Despertando de mi largo letargo.

Todo esto hace que me sienta de otro planeta, pero también siento que todo esto me ha estado esperando a que llegara este momento, mi momento. No tengo nada y me siento más llena que nunca. Mi vida patas arriba y sin embargo jamás estuvo más en orden. Sin buena economía pero me siento millonaria.

Las palabras que salen del horno no son nuevas más si salen con otro significado. Gracias, a toda la gente que se cruzó en mi camino por “casualidad” por cumplir el contrato establecido. Gracias por todos estos nuevos regalos que me llegan todos los días pues hacen que todo lo pasado haya merecido con creces la pena.

Y mañana, mañana será un nuevo día, para volver a sonreír.

Reencuentro

¡Hola de nuevo Ilusión!

Estoy muy contenta porque me he vuelto a reencontrar con una vieja amiga, un día desapareció de mi vida sin percatarme de ello, se fue con pasos de gato, quien sabe si fue una noche o un día, tan solo se alejó sin decir nada, tan solo dejando un vacío inmenso, un hueco que llenó la monotonía, pero como una pieza de puzle mal puesta, la cual intentas amoldar y te auto engañas diciéndote a ti misma que tampoco queda tan mal ¿no? y cuanto más miras esa pieza más desencajada te parece, ¿será esto normal? das vueltas en tu cabeza, y empiezas a notar una ausencia de algo que se fue, aun no consigues acordarte de que puede ser, ha pasado tanto tiempo, amoldé tanto las piezas, que cuesta hacer memoria que era lo que encajaba en ese hueco a la perfección, porque es su hueco.

No notas carencias, ni ausencia, tan solo vacío. Y el tiempo pasa, y el universo te marca las pautas como un padre que resulta implacable si ello conlleva la felicidad de su pupilo, no hay nada que lo pare. En mi caso no hay padre, pero si una fuerza inmensa que me arropa, y que aunque no entienda los revés que me marca, comprendo que siempre es para que me vuelva a encontrar, y es entonces cuando me dejo llevar, agotada previamente eso sí, pues me niego en un momento aceptarlo, y como se fue, viene, con los mismos pasos de gato, silenciosa, tímida, pero con una luz y una fuerza que aunque no la veas en ese momento, se delata porque la sientes.

Entonces con ella cada día más cerca, es muy tímida y ahora se ha vuelto precavida, vuelve todo a tener color, todo empieza a ser más intenso, además viene acompañada de otras piezas, nuevas totalmente en mi puzle. Comento acerca de esas nuevas piezas y me dicen que son normales y necesarias para la vida, pero para mí no son normales, para mí es un extra, un bonus, quien me lo iba a decir a mí a estas alturas, pero ahora que sé que se han instalado en mi vida  me pregunto cómo pude vivir sin ello. Quizás porque me daba miedo exprimir la vida, o porque tan solo, no venía y de tanto esperar pensé que eran quimeras en mi cabeza y las borré, las anulé, eso, si existía, no era para mí. Supongo que las cosas llegan cuando tienen que llegar, y llegó, hay momentos que me cuestiono si no ha venido todo un poco tarde, o quizás la palabra no sea tarde, sino venir un poco antes. Pero sé que no, no podría haber sido antes, todo lleva un proceso y hay ciertas cosas que para valorarlas como se merecen tienes que pasar una transformación, en mi caso fue duro pero no lo cambiaría por nada en el mundo si el final es este. Una nueva etapa que comienza como un cuento, mi cuento, mi vida.

Y mañana, mañana será un nuevo día.